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Coliflor más digestiva

La clave para que esta hortaliza sea más fácil de digerir está en la manera de cocerla
 
La coliflor es una hortaliza muy sabrosa, fácil de preparar y con múltiples elaboraciones, ya sea como plato principal o como guarnición. Las formas de prepararla pueden resumirse en dos: cocer la coliflor y agregarle un refrito de aceite de oliva con ajo frito y pimentón o bien, tras haberla cocido, gratinarla con una crema bechamel por encima, con queso rallado, unos trozos pequeños de jamón y huevo duro.
Otra forma de preparar esta hortaliza es cocerla y después escurrirla, o bien freírla y pasarla por un rebozado de harina y huevo batido o por una masa orly, como si fuese una fritura. También se puede servir en forma de crema, para lo que se necesitará cocinar antes la coliflor con un poco de puerro, cebolla, ajo y patata. Tras cocinar todos estos ingredientes juntos, con un poco de aceite de oliva y agua, se tritura y se refina con un chorro de nata líquida para darle una textura y sabor más fino, de manera que se obtendrá una crema blanca de sabor suave.

La importancia de la cocción

El inconveniente de la coliflor es que no ayuda a hacer una buena digestión. La clave para que esto no sea así se halla en la manera de cocerla. Para ello, la podemos cocer entera o en ramilletes, lo que implica que antes habrá que limpiarla. Si la vamos a cocinar entera sumergimos la coliflor limpia de hojas exteriores en un bol con agua y con un poco de vinagre en agua para eliminar impurezas y bichos.
Si, en cambio, la vamos a cocinar en tallos, cortaremos por la parte inferior de la coliflor y del tallo principal y, con la ayuda de un cuchillo pequeño, sacaremos pequeños ramilletes con un trocito de tallo en la parte inferior. A continuación sumergimos la coliflor en un bol con agua y con un poco de vinagre para eliminar impurezas y bichos.

Las herramientas necesarias

En ambos casos la cocción puede hacerse en cazuelas normales o en ollas rápidas, evitando que hierva dentro del agua. Para ello, pondremos la coliflor en la cesta de cocción al vapor sin tocar el agua de la base de la cazuela. Los tiempos dependerán del tipo de olla y si la cocinamos entera o en ramilletes. El indicador de que la coliflor está cocinada es el tallo; si lo pinchamos y está tierno quiere decir que la cocción ha finalizado. Si cocinamos la coliflor entera en una cazuela normal serán suficientes entre 20 y 30 minutos, aunque dependerá del grosor de la coliflor; si la vamos a cocer en ramilletes, con 10 ó 15 minutos cociendo al vapor bastará.
Estos tiempos se reducen a la mitad si se cocina en una olla rápida, a través del método de cocción al vapor. Si no se dispone del cestillo para cocer al vapor pondremos la coliflor entera con el tallo hacia abajo en contacto con el agua de manera que la parte más dura se cocine en contacto directo con el agua y el resto se cocine por acción del vapor que desprende el agua del fondo de la cazuela.
Una vez cocida la pondremos a punto de sal y realizaremos la receta elegida, ya sea aliñada con un poco de aceite, con un refrito de ajo, con mayonesa, gratinada, rebozada o frita.

VARIEDADES DE COLIFLOR

La coliflor, en función de su color, puede clasificarse en:
Coliflor morada. El color que adopta se debe a la presencia de antocianinas, pigmentos naturales desaparecen durante la cocción y que se transforman en un tono amarillo verdoso.
Coliflor blanca. La más común, este tipo de coliflor debe el color a que los rayos de sol no penetran en su interior, lo que impide el desarrollo de la clorofila, el pigmento que aporta el color verde a los vegetales.
Coliflor verde. A diferencia de la blanca, en esta variedad sí se desarrolla la clorofila por acción de los rayos de sol, lo que la hace más aromática y con mayor cantidad de vitamina C.

Papa del aire o Chayote



Cultivo

Sobre un terreno disponible (unos 400 m2) con hileras de alambre distanciadas a 40 cm
y reforzadas cada tanto con postes. Dejando espacio para cultivar algunas hortalizas
debajo de este parral, escalonando los alambres con la forma de un plano inclinado
orientado hacia el norte para tener la mayor exposición solar. Esto permitía que
la luz llegara a las escarolas, acelgas y lechugas (poco exigentes en materia de luz),
tanto cuando los rayos de sol caían a plomo durante el mediodía, como en forma
oblicua al atardecer. 
Si tenemos en cuenta que crecen 2 o 3 chayotes (de cerca de 900 gr por unidad)
cada 15 centímetros lineales y que disponía de unos 1000 metros de alambre
ordenados en 25 líneas de 40 metros de largo, la producción a los 6 meses
fue de unos 14 000 chayotes. ¡Cerca de 6 toneladas en el fondo de una casa!.

 
Comparado con las fatigosas labores que demanda la papa común, el cultivo 
del chayote encaja en el modelo de la “agricultura perezosa” de Bill Mollison,
el creador de la permacultura. Para empezar se siembra sin enterrar, en primavera,
apoyando un fruto entero sobre la tierra. Tampoco hay que cavar para cosecharlo,
basta estirar la mano. Pero aquí no terminan sus ventajas. No hay que volver
a sembrarlo por años, dado que bajo la tierra permanece un rizoma que rebrotará
cada primavera. Sin embargo, recomiendo volver a sembrar un fruto cada tanto,
pues el rizoma puede morir debido al ataque de bichos bolitas y babosas o por 
podredumbre debido al  encharcamiento. Por eso, aunque la planta no es muy
exigente en materia de suelo, este debe tener un buen drenaje. 

Usos 

Al igual que sus primos, los pepinos y los zapallitos largos, los chayotes pueden
consumirse antes de que estén completamente maduros. Personalmente
prefiero cosecharlos cuando alcanzan el tamaño de una pera; luego se ponen
fibrosos. 
El chayote tiene una sola semilla (con la forma típica de las de calabaza),
pero en comparación es enorme. Un misterio: hablé con algunos agricultores
brasileños y me dijeron que la semilla no se come. A mi me parece riquísima.
Miguel Raposo, del Taller Ecologista de Rosario (revista Ecología,
Alimentación Natural y Ambiente, año V Nº 15 de otoño de 1990) cuenta
que el chayote es una de las pocas plantas que se come en su totalidad,
frutos, hojas, brotes, ramas y raíz (rizoma):  "Sus tallos pueden cocinarse
como espárragos, las hojas tiernas se pueden preparar como la espinaca,
al igual que los brotes tiernos y los zarcillos, los frutos pueden consumirse
indistintamente como los pepinos y las papas. Crudos y pelados se los
emplea en ensaladas. Pueden consumirse al homo, hervidos o en guisados.
Con ellos se preparan conservas agridulces y hasta dulces".

Consumo

Los chayotes crudos y rallados se pueden comer en ensaladas, con
jugo de limón y aceite, al igual que las pequeñas hojas y brotes.
Para preparar  milanesa a la napolitana, se hierven ligeramente
cuatro frutos, luego se cortan en rodajas, se cubre todo con tomate,
pimienta y queso y se le da un golpe de horno. Hervido y cortado
en dados, el chayote es el ingrediente principal de sabrosas tartas.
Se hacen también compotas y chayote en almíbar con la misma receta de
los zapallos.
El chayote tiene un 2 % de proteína, que no es poco si se lo consume en
abundancia; algo que podrá hacer sin temor a engordar, dado que tiene un
bajo contenido en almidón. Por eso la llamo “papa dietética". Para evitar
pincharse con sus púas y pegotearse con un mucílago que segrega al pelarlo,
hierva el chayote con cáscara. Si lo va a consumir crudo, pinche uno de
los extremos del  fruto con un tenedor para sujetarlo y  luego atáquelo
con un simple pelapapas. Afortunadamente hay variedades de chayote para
cada necesidad.  Los que tienen púas (tanto del tipo verde como blanco)
son ideales para pelar con los dedos después de hervidos. En cambio las
variedades sin púas (también del tipo verde o blanco) se pueden rallar con
cáscara.
El argumento típico para descalificar este alimento gratuito es su 
“falta de sabor”, o que resultaban aguachento en comparación
con la papa. Esto es un injusto prejuicio. En todo caso, el chayote hervido
no es más desabrido y acuoso que un zapallito en el mismo estado.
La clave para saborear este fruto de tierras cálidas y selváticas es saberlo
condimentar, en especial con pimienta y nuez moscada.  
Otro factor que conspira contra el consumo de la papa del aire es que los
seres humanos tendemos a ignorar lo que abunda. Es lo que ocurrió en
mi casa con el chayote. Nos acostumbramos a percibirlo como un yuyo,
como una enredadera invasora a la que debíamos podar constantemente
para que no cubriera el resto de nuestra huerta. Las propias cualidades
del chayote acabaron por cansarnos. Como otros agricultores urbanos,
renegué de esta cenicienta de las cucurbitáceas y por muchos años no volví
a ocuparme del asunto. 

Carlos Alberto De Sanzo

relata su experiencia en el cultivo de la papa

del aire o chayote

A finales  de los ´80 con la
“hiperinflación” surgieron iniciativas
de huertas barriales con el propósito
de paliar la crisis alimentaria. La
idea era buena, pero la
población estaba desacostumbrada
a los rigores de la tierra. Muchos
vecinos se lanzaron con ilusión
a la tarea de despejar algún terreno
baldío, pero en poco tiempo terminaban
colgando la pala, desanimados por la
dureza del suelo y el permanente combate
contra el pasto y las hormigas
podadoras. Recordé entonces
al chayote y me pareció que por
su facilidad de cultivo podría ser
de gran ayuda reintroducirlo en
nuestra región. Mis amigos
Rubén Ravera y Arturo Della Madalena
se entusiasmaron con el proyecto.
Por su parte, la artista Nora Bécquer
hizo su aporte pintando una bella
acuarela del fruto del chayote a
partir de una vaga descripción verbal que le transmití. Su obra nos sirvió como 
“identikit”  para  interrogar a cientos de personas sobre el posible paradero del vegetal.   
No se trataba de una tarea sencilla. Durante semanas recorrimos el partido de Quilmes
siguiendo la pista de una planta casi desconocida. A veces, algunas personas
a las que consultábamos creían haber visto algo parecido en un baldío lejano.
Otras, estuvimos a punto de alcanzar el objetivo por cuestión de horas e
irónicamente en mi propio barrio, como cuando Mario Díaz Vélez, cantor de
tango y albañil,  recibió unos frutos de regalo pero terminó arrojándolos a la
basura por no saber como prepararlos. Toda una pérdida.
Los primeros chayotes los descubrimos en un jardín de Solano. Recuerdo que
tuvimos que negociar largamente con el propietario quien no alcanzaba a
entender nuestro interés por las plantas. Finalmente una oferta en moneda
corriente lo convenció de aportar algunos ejemplares para nuestra causa. Como
si se tratara de un raro espécimen, expusimos los chayotes junto con un
motocultor inglés y una montaña de calabazas (cosechadas en el techo de mi casa)
en una muestra de agroecología que Rubén organizó en la Biblioteca Mariano Moreno.
Entonces ocurrió algo mágico. Un visitante anónimo dejó un par de chayotes
junto a los nuestros. Estos aportes se repitieron en los días siguientes. A la semana,
cuando terminó la muestra, habíamos reunido cuatro variedades de chayote.
El conseguir los chayotes fue la mitad del problema. Le siguió la espinosa 
tarea de conservarlos, multiplicarlos y encontrar un hogar para el centenar
de frutos que habíamos reunido y que bautizamos con el apodo de
“las abuelas" porque serían las madres de las futuras productoras. Les hicimos
un lugar en mi sótano, pero por falta de aireación fueron atacadas por un hongo.
No corrieron mejor suerte cuando las pasamos a un caluroso y seco altillo donde
se deshidrataron. Al segundo año dejamos algunos frutos a la intemperie.
Al principio los frutos se mantuvieron frescos y con sus cáscaras brillantes...
hasta que una helada tardía los quemó. La experiencia nos enseñaría que
la mejor forma de almacenar los chayotes es a la sombra en un lugar
fresco y aireado. A pesar de todo lograron sobrevivir una veintena que
plantamos sin demora pese a los rigores de la estación. Tomamos sí,
la precaución de cubrirlos con una lona durante la noche para resguardar
los delicados brotes de  una posible helada. 
Afortunadamente, las plantas prosperaron y aportaron, durante diez
otoños, miles de frutos que distribuimos entre las escuelas de
Quilmes y Florencio Varela y obsequiábamos en nuestra “tecnohuerta“
de Bernal. Actualmente la forma más directa de conseguir un chayote
es en una feria o recurriendo a algún horticultor boliviano. Vale la pena
hacer el intento. Si cuenta con un metro cuadrado de tierra para plantar
un fruto de chayote y  dispone de un fondo, patio o terraza para armar
un parral, logrará, de un año para otro y a perpetuidad, una provisión
gratuita de sombra y comida. Y si tiene dotes de vendedor  y voluntad,
podrá sumar  una fuente de ingresos extra. Haga números. Cien metros
cuadrados de parral producen unos mil quinientos kilos de frutos por
estación. Con todo, no estaría de más  intercalar las enramadas de
chayote con algunas hileras de pepinos, porotos y calabazas. Estas
plantas también se sienten a gusto deslizándose por los alambres y
le aportarán mayor variedad y colorido a su mesa.


De apariencia tosca y suave sabor, la papa del aire o chayote es una hortaliza trepadora
que vive y produce por varios años. Pertenece a la familia de las cucurbitáceas. Tiene
sus adeptos entre los europeos y norteamericanos que buscan adelgazar sin privarse
de comer. Por eso llegan a pagar entre cinco y quince dólares por un kilo de este fruto
cuya demanda no alcanza a cubrir en los mercados del Primer Mundo
Su sabor es el de una mezcla de zapallito y pera, tiene un 90 % de agua,
brinda abundancia de follaje en verano y prodigalidad de sus frutos en el otoño.
Algunos españoles lo llaman todavía "papa del moro", aunque sabemos que
esta planta perenne, de renovación anual, con numerosos tallos trepadores
es en realidad oriunda de Centroamérica y está emparentada con los zapallos,
pepinos y calabazas.

Alcachofa, alcachofera

Planta cultivada en muchos lugares del mundo porque el  receptáculo floral es comestible. 
Muy abundante en el mediterráneo, ya, pocas veces asilvestrada, pariente cercano del cardo.
Se cultiva intensivamente desde del siglo xv. En papiros egipcios aparecen personas comiendo
alcachofas o cardos. En tiempos de los romanos  se consideraba el líquido resultante de hervir
hojas de alcachofa como una bebida afrodisíaca, y hasta el XVIII, como el elixir de la juventud.
No se han podido demostrar estas virtudes.

Componentes Cinarina, taninos, enzimas, azúcares Ácidos: cafeoilquínico y dicafeoilquínico,
cafeico, linoleico, oleico, pantoténico ferúlico Vitaminas:  A, B y C, Niacina, Ribofamina,
Thiamina, B6, Flavonoide, Mucílago, Inulina,  hierro, magnesio, fósforo, potasio...
Es una planta profiláctica, sus compuestos actuan, casi, en todas las partes del metabolismo,
su consumo habitual rebaja los porcentajes de muchas enfemedades. Conviene comerlas
crudas por ejemplo añadida a la ensalada, o asadas, o añadidas a cualquier guisado cociendo.
Si se hierven solas, tomar el caldo.
Favorece la secreción de bilis, y ayuda a recuperse
en enfermedades hepáticas:  hepatitis, vesícula biliar perezosa, regenera las células
hepáticas, hígado graso, ictericia, colelitiasis e insuficiencias hepáticas.
Reduce el nivel de colesterol en la sangre, disminuir la presión arterial, y previene la
arteriosclerosis, en general previene el riesgo de enfermedad vascular y ayuda a la
recuperación, en  infarto, angina de pecho.
Diabetes,  disminuye la cantidad de azúcar en orina, rebaja el nivel de azucar en la sangre
y previene y ayuda a combatir la diabetes por lo que se la puede considerar una planta
Hipoglucemica
Por su alto contenido de hierro es un anti-anémico muy efectivo, así como un revitalizador
en los estados de convalecencia, debilidad y raquitismo.
En enfermedades circulatorias hepáticas, gota, artritis, obesidad favorece la eliminación
de líquidos y toxinas,  especialmente el ácido úrico.
Anticancerígeno: prevención tumoral, y como refuerzo para la mejoría de los procesos
cancerosos
Toda la planta presenta los principios activos en mayor o menor medida, y casi no 
pierden actividad si seca la planta. Por lo que podemos tomar el jugo de las hojas, el líquido
de las hojas habiendo cocido durante un par de horas. Las raices secas cocidas durante un
par de horas  a razon de unos 50 gramos por litro,... en general se pretende ganar potencia
concentrando el jugo de la planta como va a amargar un poco mezclandola con
vino entra mejor.
Toxicidad: Aunque en ningún caso es tóxica, se desaconseja su utilización en los
periodos de  lactancia, porque su uso conlleva la disminución de la producción
de la leche, y el cuajo.
 
La alcachofa crece espontáneamente en el sur de Europa (área mediterránea) y se cultiva
en este continente y en Estados Unidos, sobre todo en California. Parece ser que la alcachofa
actual procede de la denominada Kinara, una especie de cardo muy estimado sobre todo
por el pueblo griego, aunque también por los romanos. Por tanto, se piensa que la alcachofa
surgió del cardo, y que puede ser nativa de la zona del Mediterráneo. Su fama como alimento
afrodisíaco favoreció e incrementó su empleo culinario. Hoy en día, es un alimento habitual en
todos los hogares.
Clasificación científica

La alcachofa pertenece a la familia de las Compuestas (Compositae), especie Cynara scolymus.

Diversidad y tipos


Las variedades de alcachofas se diferencian en función del país del que proceden: alcachofas

de Gran Bretaña, de color verde o violeta; de Francia, que se diferencian en grandes, medianas
y pequeñas según el tamaño de la cabeza; de Italia, de color verde más o menos intenso, con
matices rojo violetas y tamaño variable; y de España, entre las que destaca la alcachofa
de Tudela (Navarra), variedad alargada de color verde y pequeño tamaño.

Valor nutritivo


Tras el agua, el componente mayoritario de las alcachofas son los hidratos de carbono,

entre los que destaca la inulina y la fibra. Los minerales mayoritarios son el sodio, el potasio,
el fósforo y el calcio; y entre las vitaminas destaca la presencia de B1, B3 y pequeñas
cantidades de vitamina C. Sin embargo, lo más destacable de su composición son una serie
de sustancias que se encuentran en pequeña cantidad, pero dotadas de notables efectos
fisiológicos positivos:
- La cinarina: sustancia ácida con efecto colerético, es decir, con capacidad para aumentar

la secreción biliar, y diurético, provoca mayor expulsión de orina.
- Esteroles: con capacidad para limitar la absorción del colesterol en el intestino.

Tabla de composición (100 gramos de porción comestible)
Energía (Kcal)
Proteínas (g)
Hidratos de carbono (g)
Fibra (g)
Potasio (mg)
Sodio (mg)
Calcio (mg)
Fósforo (mg)
Vitamina C
(mg)
Vitamina B3 (mg)
21,56
2,4
2,90
10,79
353,0
47,0
53,0
130,0
7,60
0,90

Ventajas e inconvenientes de su consumo

La alcachofa presenta un efecto reductor del colesterol y de los triglicéridos, debido a la presencia

de cinarina, una sustancia que actúa evitando la síntesis endógena de colesterol y otros
lípidos, al tiempo que aumenta la excreción biliar de colesterol y la transformación de
éste en ácidos biliares. Por ello, está indicada para todas las enfermedades funcionales y
orgánicas del hígado, vesícula biliar y vías biliares, así como para los trastornos digestivos
que de ellas deriven.

La inulina es el hidrato de carbono mayoritario. Esta sustancia se metaboliza en el

organismo dando lugar a unidades de fructosa, un azúcar asimilable sin la necesidad de insulina.
Por este motivo, las alcachofas están indicadas en la dieta de las personas diabéticas.

Además, por su riqueza en fibra proporcionan sensación de saciedad y favorecen el

tránsito intestinal, contribuyendo a aliviar o prevenir el estreñimiento. No obstante, como
consecuencia de este alto contenido en fibra, pueden resultar flatulentas para personas con
tendencia a este tipo de problemas digestivos.

Su uso en la cocina


La preparación de las alcachofas es laboriosa, ya que exige el lavado y la eliminación de

las hojas para llegar al corazón. Únicamente se aprovecha el 20 por ciento de cada flor.

Se pueden consumir cocidas, salvo los ejemplares de menor tamaño que se pueden

tomar crudas con un aliño de ajo y aceite, por ejemplo. Desde el punto de vista nutricional,
lo ideal es cocinarlas al vapor. Para ello, se colocan enteras, dentro de la olla. De esta
manera conservan la mayor parte de sus sales minerales y oligoelementos. En caso de
hervirlas, se recomienda utilizar la mínima cantidad de agua, y aprovechar el agua de
cocción para la elaboración de caldos o sopas.

Si se asan, tanto a la plancha como al horno, no deben cortarse las puntas de las hojas,

ya que así se mantiene la humedad interna durante el proceso de asado. También se
pueden preparar fritas, rebozadas, guisadas, salteadas con guisantes y jamón…
Las más pequeñas suelen destinarse a la elaboración de conservas, al natural, en aceite o
en vinagre.

El truco: para evitar que las alcachofas se ennegrezcan por contacto con el aire, se las

rocía con jugo de limón, se frotan con medio limón o se añade el jugo de limón al agua de
cocción.

Conservación y criterios de calidad en la compra


Una vez en casa, las alcachofas frescas se mantienen en buenas condiciones durante una

semana si se envuelven en una bolsa de plástico bien cerrada en la nevera. Si poseen
tallo, estas verduras se pueden mantener en agua, como una flor cortada, en el frigorífico.
Para que no se sequen, lo mejor es no cortarles el tallo hasta el momento de su consumo.

Una vez cocidas, las alcachofas deben ser consumidas en 24 horas, durante las cuales

se mantendrán en la nevera. Si se han cocido los corazones de alcachofa se pueden
congelar, conservándose así hasta 6-8 meses.

Verduras que no engordan

A la hora de adelgazar la pregunta del millón es, que debo comer para perder peso. Uno de alimentos que no deben faltar en las dietas para adelgazar, son las verduras. Pero no todos los vegetales son iguales, y los que debes comer son aquellos que no engordan. Si bien los alimentos se dividen en grupos, dentro de cada uno hay diferencias. Los vegetales no escapan a esta regla. Hay verduras que engordan y otras que no engordan. Si quieres perder peso, te interesará conocer que vegetales no engordan y pueden formar parte de tu dieta para adelgazar.
  • Acelga.
  • Achicoria.
  • Ají.
  • Ajo.
  • Alcaucil.
  • Apio.
  • Berenjena.
  • Berro.
  • Berzas.
  • Brócoli.
  • Calabaza.
  • Cardo.
  • Cebolla.
  • Coles.
  • Chauchas.
  • Endivias.
  • Escarola.
  • Espárragos.
  • Espinaca.
  • Hinojo.
  • Lechuga.
  • Nabo.
  • Palmitos.
  • Pepino.
  • Rábano.
  • Remolacha.
  • Tomate.
  • Soya, brotes.
  • Verdolaga.
  • Zanahoria.
  • Zapallitos verdes.
Dentro de los alimentos que no engordan, estas verduras deben ser incluidas en una dieta para adelgazar en forma equilibrada. Estos alimentos aportan pocas calorías, mucha fibra, vitaminas y minerales que actúan acelerando los procesos metabólicos de quemar grasas.
Ten presente que vegetales como la patata, el maíz, la mandioca o la batata deben ser restringidos o eliminados de la dieta, ya que contienen un alto valor calórico. La verdura en general es fresca, sabrosa, saludable y no engorda, que más se puede pedir.

Verduras que adelgazan

Así como hay alimentos que engordan, hay otros que adelgazan. Este es el caso de ciertas verduras, que por sus características nutricionales ayudan a perder peso más fácilmente. Pero para realizar una elección apropiada es necesario saber cuáles son esos vegetales. Las verduras, en general, tienen características nutricionales similares que las convierten en alimentos apropiados para una dieta para perder peso.
Pero existen vegetales que adelgazan más que otros por propiedades específicas que poseen. Dentro de los cuales se pueden mencionar los que tienen valor calórico negativo, es decir que se gasta más calorías al metabolizarlos que las que aportan.
Estos vegetales contienen: Pocas calorías, en promedio entre 16 a 36 calorías, fibra y antioxidantes naturales.
Lista de verduras que adelgazan
  • Acelga.
  • Achicoria.
  • Ají.
  • Alcaucil.
  • Ajo.
  • Apio.
  • Berenjena.
  • Berro.
  • Brócoli.
  • Calabaza.
  • Cardo.
  • Col.
  • Chauchas.
  • Endivias.
  • Escarola.
  • Espárragos.
  • Espinaca.
  • Hinojo.
  • Hongos.
  • Lechuga.
  • Nabo.
  • Palmitos.
  • Pepino.
  • Rábano.
  • Rabanito.
  • Tomate.
  • Verdolaga.
  • Zanahoria.
  • Zapallitos verdes.
Estas verduras pueden consumirse tanto como plato principal, como acompañante y como colaciones entre las comidas. Incluso se pueden tener en cuenta en casos de ansiedad por comer.